El vino forma parte de la dieta mediterránea y, consumido con moderación, es bueno para los adultos sanos. Sigue leyendo
Archivo del Autor: Joaquin Olona
La PAC es cosa de todos.
Como política pública establecida en el Tratado de la UE, y justificada por las propias características del sector agroalimentario, la PAC es cosa de todos. El conocimiento técnico, siendo necesario, no es suficiente para el desarrollo de una verdadera política; la PAC adolece de un excesivo enfoque tecnoburocrático que le resta legitimidad y dificulta su comprensión por parte de los ciudadanos. Los nuevos retos de productividad, eficiencia y sostenibilidad son una oportunidad para avanzar hacia una verdadera y eficaz política agroalimentaria, que debe ser mucho más que un simple reparto de subvenciones.
Ponencia de J. Olona en la Jornada sobre la evolución de la PAC y de la agricultura europea. Departamento de Agricultura y Alimentación del Gobierno de Aragón. Zaragoza, 11 de mayo de 2011.
La urbanización del mundo y los neomalthusianos.
Hacer predicciones y equivocarse parece ser la norma, sobre todo cuando priman los prejuicios ideológicos y se abordan preguntas para las que la ciencia no tiene respuesta. Sigue leyendo
Biscarrués: el regadío como solución.
Para abastecer los regadíos de Aragón hacen falta más embalses tal y como contempla el Pacto del Agua, el de Biscarrués entre ellos. Sigue leyendo
Hosni Mubarak y el trigo.
Es necesario que la sociedad asuma que la agroalimentación debe tratarse, políticamente, como algo estratégico. Sigue leyendo
Del campo al plato: Un por qué de la PAC.
La misión de la PAC es asegurar la alimentación de la población sin arrruinar a la agricultura ni a la industria alimentaria. Sigue leyendo
¿Quiénes gastan el agua?
Por Joaquín Olona. Publicado por el Heraldo de Aragón el 9 de enero de 2011.
Los regantes no gastan el agua, tan sólo la utilizan en sus campos para producir alimentos, que junto con otros bienes y servicios, consumimos todos. Sigue leyendo
PAC 2020: Del vicio de productivismo a la virtud de la productividad.
Por Joaquín Olona. Publicado en Heraldo de Aragón (19-12-2010)
Se ha demostrado que tenían razón quienes siempre defendieron lo obvio: que en el mundo no sobran alimentos. Sigue leyendo
La PAC en el horizonte 2020.
En 2010 la Comisión Europea presentó al Parlamento Europeo, al Consejo, al Comité Económico y Social y al Comité de las Regiones su Comunicaión relativa a la Reforma de la PAC para después del 2013. Fijando el horizonte 2020, en coherencia con la Estrategia Europa 2020, la Comunicaciòn se plantea con el enfoque de responder a los retos futuros en el ámbito territorial, de los recursos naturales y alimentario.
LA PIRÁMIDE, EL TRIGO Y LA CUADRATURA DEL CÍRCULO. (J. Olona. Heraldo de Aragón 24-10-2010)
El progreso de la humanidad depende, en gran medida, de su capacidad para alimentar a la población liberarando, al mismo tiempo, recursos para otros fines. Esto implica un continuo crecimiento de la productividad agrícola, que a lo largo de los tiempos ha aumentado de forma excepcional. El Antiguo Egipto consiguió liberar del campo al 5% de su población total, lo que resultó determinante para su desarrollo. La Gran Pirámide pudo requerir una inversión equivalente a 1 millón de Tm de trigo. Más o menos, es el excedente que tuvieron que generar los tres millones de agricultores existentes para sostener a las 100.000 personas, con sus correspondientes familias, que trabajaron durante 20 años en la construcción del monumento.
El incremento experimentado por la productividad del trabajo agrícola, ha sido la clave para que en el mundo avanzado actual, menos de un 5% de la población total, sea capaz de alimentar a más del 95% restante. El trabajo de un año de tan sólo mil agricultores actuales resulta suficiente para producir la misma cantidad de trigo obtenida por los tres millones de agricultores del Antiguo Egipto, trabajando de sol a sol durante 20 años. Así, en 3.000 años y gracias a los sucesivos avances tecnológicos, la productividad de los agricultores se ha multiplicado por 60.000. La tecnología agraria ha permitido que la mayoría de la gente del mundo desarrollado actual pueda dedicarse a otros menesteres ajenos al campo. Sin esa tecnología, nuestra cultura simplemente no existiría y, con toda seguridad, este mundo en el que mueren de hambre diez niños cada minuto, sería todavía peor.
Los sucesivos avances e innovaciones agroalimentarias, de un modo u otro basados en la ciencia y en la tecnología, han sido claves para que la economía actual se haya extendido mucho más allá de la satisfacción de las necesidades vitales. Habiendo contribuido a liberar ingentes cantidades de recursos de todo tipo, la tecnología agraria ha permitido destinarlos a muy diferentes fines de desarrollo y bienestar. Hace 3.000 años, un millón de Tm de trigo representó una inmensa riqueza: la que exigió la Gran Pirámide. Sin embargo, hoy en día, esa misma cantidad de trigo, puede comprarse por 150 millones de Euros, importe que no alcanza para construir 3 km de autopista.
La descomunal devaluación histórica sufrida por el trigo, y en general por las materias primas agrícolas, aunque no ha beneficiado a los agricultores, ha resultado determinante para el desarrollo económico y el bienestar general. La disponibilidad de alimentos, cada vez más baratos y seguros, no sólo generaliza el acceso a la alimentacion, sino que hace posible extender el consumo y la demanda a otros muchos productos y servicios no alimentarios, que suponen entre el 85 y el 90% del PIB de las economías desarrolladas. La importancia, urgencia y necesidad de proveer de alimentos asequibles a los más de 2.000 millones de pobres y hambrientos, ya no es cuestión de economía, sino de justicia y dignidad.
El mundo, tanto el desarrollado como el que quiere serlo, exige alimentos más y más baratos, al tiempo que también exige precios más altos para sus productores. Esto conduce a un complejo dilema. No existiendo recetas mágicas, sí hay caminos equivocados e, incluso, disparatados. Por ejemplo, poner la agricultura al servicio prioritario del conservacionismo en vez de a la alimentación. O, por ejemplo, apostar preferentemente por la agricultura tradicional, en vez de hacerlo por su mejora en base a los avances científicos y tecnológicos. La idea, muy extendida en la UE, de que la tecnología proporciona alimentos inseguros o peligrosos, siendo falsa, supone una de las principales barreras para afontar en serio el dilema agroalimentario. Pretender abaratar los alimentos y elevar las rentas de los agricultores, sin innovación, es como intentar dibujar, con la única ayuda de una regla y un compás, un cuadrado de la misma área que un círculo dado, algo matemáticamente imposible de lograr.